| Bolivia. El barroco de PotosÃ, la belleza de un pasado de esplendor |
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Al sur de Bolivia se encuentra la ciudad de PotosÃ. Se extiende a las faldas de una montaña legendaria, el Sumaq Urqu en quechua: Cerro Rico que contenÃa la mina de plata más grande del mundo.
Dicen también que la Invencible Armada española y el palacio del Escorial fueron pagados en reales de plata, que en su época era la moneda más fuertemente valuada del mundo. “Vale un PotosÓ, dice Don Quijote deCervantes para indicar una riqueza desmesurada. Para describir algo de gran valor en español usamos esa frase «vale un potosû, en referencia a las legendarias minas de plata de la Bolivia colonial. En 200 años el Cerro Rico, pirámide de 6000 metros de plata, ha producido 45.000 toneladas de precioso metal. Con la plata extraÃda se decÃa que se podrÃa haber construido un puente entre el Nuevo Mundo y Madrid.
VivÃan en palacios lujosos,rezaban en iglesias barrocas con altares en oro y plata. El Barroco de Potosàrecuerda tiempos pasados, cuando sus minas de plata eatban todavÃa repletas de valorado metal.
Los signos de ese pasado que le ha valido aPotosà la protección de la Unesco, se descubren paseando por la calle Quijarro, con sus curvas cerradas para impedir el ingreso de los vientos frÃos, entre portales imponentes decorados con escudos nobiliarios, balcones en madera, fachadas embutidas, patios con agradables sombras. Potosà con las huellas de su glorioso pasado, muestra La Casa real de la Moneda, sede por un tiempo de la realeza que acuñó los potosà de plata, es hoy uno de los museos más bellos de Sudamérica.
El convento de San Francisco, de la misma época, es el monasterio más antiguo de Bolivia. Y la emoción más grande es salir del interior de una torre y hacer una vista de 360º sobre la ciudad. Los singulares negocios venden platerÃa de mediana calidad. Antes de dejar la ciudad, es imprescindible visitar las minas, con una guia de la cooperativa de mineros (las agencias locales tienen un elenco deacompañantes expertos). Sólo asà si entra en contacto con el mundo subterráneo y doliente, oculto tas la opulencia de la época colonial. Con los elementos requeridos y con casco se desciende en galerÃas de techos bajos, donde se trabaja en condiciones precarias: a mano, con lámparas de carburo, respirando vapores nocivos, comprando personalmente las herramientas.
En el fondo, una estatua en piedra, de 1 metro de alto, vestido de rojo. Es el TÃo, venerado por los Quechuas desde la noche de los tiempos. Medio dios y medio demonio, barbudo, tiene una serpiente alrededor del cuello, sÃmbolo de fortuna.
Si el dÃa es bueno encontrarán estaño y tal vez un poco de la plata que, en otros tiempos,  hizo rica a PotosÃ.
Fuente: wikipedia - elmundo.es
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El inicio de la historia de la ciudad es una mezcla compleja de ficción con realidad, lo que hace muy difÃcil distinguir historia de leyenda. Se dice que las vetas de plata fueron descubiertas casualmente, por un pastor quechua, Diego Huallpa, una noche del año1545, que perdido, cuando intentaba regresar con su rebaño de llamas, acampó al pie del Cerro Rico y encendió fuego para protegerse del frÃo. Al despertar la mañana siguiente, observó que entre las brasas aún humeantes, brillaban finos hilos de plata, que seguramente el fuego derritió. El cerro era tan rico en vetas de plata que se encontraba a flor de tierra. El 1 de abril de 1545, tras confirmar el hallazgo del pastor, un grupo de españoles encabezados por el capitán Juan de Villarroel tomaron posesión del Cerro Rico, y sin demora establecieron un poblado.
En 1625 tenÃa ya una población de 160.000 habitantes, mayor que la de Sevilla, ParÃs o Londres. Hoy cuenta con cerca de 200.000 habitantes.
A mitad del 1600, la ciudad imperial, tÃtulo concedido por Carlo V, contaba con 36 casas de juego, 14 escuelas de danza, 120 burdeles. Hombres y mujeres se paseaban enropas de seda china, importaban cristales de Venecia y  alfombras de Persia.



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