| Una temporada de dolores, una temporada de vitalidad |
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La muerte de Mercedes Sosa fue, sin dudas, el punto de quiebre de un 2009 que se llevó a muchas figuras. Pero el sonido urbano y las canciones de tierra adentro arrojaron un resultado satisfactorio, con figuras conocidas, confirmaciones y nuevos talentos.
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El fin de década del siglo XXI dejó luces cálidas y profundas dentro de la música popular, pero también las sombras de las muertes de importantes referentes del folklore. En el balance general del año de este género sobresalen trabajos que en líneas generales marcan cierta tendencia hacia búsquedas más acústicas y despojadas, una suerte de vuelta a las raíces después de la parafernalia bochinchera que la década del ’90 instaló como moda. En el tango, mientras tanto, parece verificarse la definitiva profundización de un rumbo: el que emprendió una nueva generación de talentosos intérpretes y compositores, después de las duras décadas que prenunciaban la desaparición del género.
Folklore vivoEl año estuvo signado por la muerte de Mercedes Sosa, cuya figura –quedó demostrado en la reacción popular ante la noticia del fallecimiento de la gran intérprete– representa en el imaginario colectivo no sólo la voz del género sino, también, un compromiso ideológico puesto en práctica a través de un repertorio, más allá de meras declamaciones de intención (esta última resulta, por cierto, una costumbre arraigada en la verba inflamada del ala “de izquierdas” del género). Mercedes Sosa murió el 4 de octubre pasado, en un gran momento de su carrera. Había terminado de grabar los dos volúmenes de Cantora, en los que convocó un amplio abanico de intérpretes iberoamericanos a compartir duetos con ella. Desde su amigo Charly García hasta Residente de Calle 13, de Luis Alberto Spinetta a Shakira, pasando por Joaquín Sabina, Marcela Morelo, Fito Páez, Franco de Vita, Gustavo Cerati, Diego Torres, Pedro Aznar, Vicentico, Teresa Parodi, Liliana Herrero y Soledad, todos pusieron su voz en el que sería el último proyecto de la tucumana. Hubo otras partidas lamentables: en 2009 fallecieron la gran cantora de la llanura Suma Paz, el exquisito pianista y compositor Eduardo Lagos, Patricio Jiménez del Dúo Salteño, Rodolfo Dalera de Los Chasquis, el violinisto sachero de Santiago Sixto Palavecino, el joven guitarrista y compositor misionero Horacio Castillo, el humahuaqueño Máximo Gregorio Puma (“El Bandoneón Mayor de la Puna”), el santiagueño Víctor Ledesma (autor de chacareras como “Chacay Manta”), Selva Gigena (“La Voz de los Valles Catamarqueños”) y el salteño Lito Nieva, fundador de Los Nombradores. Así expuesta, y sumada al estado de salud de otra cantidad de artistas del género, la lista habilita la pregunta sobre el recambio generacional. Una generación de creadores que de alguna manera refundaron el folklore en la década del ’60 va dejando de existir físicamente –por obvias cuestiones biológicas–, circunstancia que durante el año habilitó a opinadores, hijos de célebres y lloradores conspicuos del género a lanzar la alarma en los foros de Internet: ¡hagamos algo! Lo que puede humanamente hacerse se está haciendo. Lo que en los ’60 fue un boom amplificado por una industria discográfica en crecimiento, canales de difusión de larga duración en radio y televisión, una nutrida agenda de festivales en todo el país y hasta consecuencias pintorescas –una anécdota asegura que en la Argentina llegaron a acabarse las guitarras, por ejemplo– dejaron obras perdurables y exquisitas. Aquí permanecen esas obras, tan vivas como entonces, para ser escuchadas, estudiadas, difundidas e interpretadas desde distintas miradas. Como lo hicieron una cantidad de intérpretes este año, tomando ese repertorio tradicional, el repertorio de décadas anteriores, y sumando también las creaciones de nuevos autores que ya son clásicos y las de los que ya se perfilan como los clásicos del futuro. En este sentido, algunos discos sobresalen entre los cientos editados este año destinados a ocupar las bateas de “folklore”. Un posible punto en común entre estos discos destacados tiene que ver con tendencias más acústicas y despojadas, con cierta reivindicación de la simpleza –un concepto bien diferenciado, e incluso opuesto, al de simplicidad– y con los riesgos de cambios artísticos con relación a las líneas ya trazadas en las respectivas carreras. Peteco Carabajal, por caso, editó Aldeas, un trabajo tan notable como arriesgado, con versiones de clásicos que a priori pueden parecer de otros universos, pero que el santiagueño declara parte de estas mismas Aldeas: “Mediterráneo” de Joan Manuel Serrat, “¡Oh! Melancolía” de Silvio Rodríguez, “Sebastián” de Rubén Blades, la “Milonga del peón de campo” de Yupanqui y hasta “Los libros de la buena memoria” de Spinetta tuvieron en este disco una vuelta de tuerca por el lado del folklore. Desde otra región del folklore, otro universo personal destacado, con obras propias y clásicos del chamamé revisitados desde una perspectiva exquisita, es el de Chango Spasiuk, que en 2009 editó Pynandí (“Pies descalzos”), también despojado, pero a la vez profundo y rico en matices. Teresa Parodi fue otra de las que en su nuevo disco marcó un cambio estético apuntado a otros territorios en el repertorio, sin perder al Litoral como el punto de partida que le es propio. En el bello Corazón de pájaro sorprende asumiéndose como intérprete profunda y delicada de autores como Yupanqui, Fandermole, Drexler o María Elena Walsh, además de marcar su presencia como compositora. Con dirección artística de Marcelo Perea, el disco toma un rumbo más íntimo y austero del que había tomado la correntina en sus últimos trabajos, con Afo Verde en la producción artística. Raly Barrionuevo también sacó un disco diferente en su carrera, Radio AM. El santiagueño que supo ganar popularidad entre la franja más joven del folklore a fuerza de chacareras veloces y letras donde el Subcomandante Marcos, el Che y los Sin Tierra formaban parte del paisaje decidió buscar en la música que formaba parte del fondo musical de su infancia a través de esa Radio AM. Así, “La pulpera de Santa Lucía”, “Flor de lino” o “Zamba de usted” ganan nuevos colores en la voz de Barrionuevo, con la producción de Luis Gurevich. Hubo otra perla discográfica que llegó sobre fin de año: Ultima guitarra, el disco que Suma Paz dejó listo antes de morir, y que hace poco salió a la calle, con los últimos retoques a cargo de dos de los hijos de la intérprete, Zulma y Mario Olmedo, y dirección artística de Litto Nebbia. La máxima discípula de la obra de Yupanqui sigue cantando con esa fuerza aplomada que siempre caracterizó su estilo –toda una declaración de principios sobre el escenario– en temas como “Adiós Tucumán”, “Me está sobrando guitarra” y “El salitral”, que además prologa con breves explicaciones y anécdotas sobre cada obra.
Fuente: Página 12.
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