En ocasiones los héroes son desconocidos. Prefieren dejar sin firmar sus grandes hazañas. Quieren el anonimato. Hacen bien. Lo celebro. Triste el país que los necesita. Nuestros militares españoles son ese claro ejemplo de heroicidad. Están en todo momento preparados para intervenir en ayudas humanitarias, teniendo muchas veces que arriesgar su propia vida. Gracias a su entrega generosa, a su incondicional acompañamiento asistencial a pesar de los peligros que estas acciones conllevan, la puerta de la existencia sigue abierta para miles de seres humanos que carecen de lo indispensable para vivir. Me consta que abrazan con sus nobles gestos historias de amor irrepetibles, van más allá de su propio deber, porque no sólo salvan al débil, también le ayudan después de haberlo salvado, a seguir viviendo. Desde luego, es un mérito grande el que una persona se esfuerce por salir de la adversidad, pero aún es mayor ver a otra persona lanzarse en su protección. En esta actitud si que hay verdadero amor por el ser humano, que no vive sólo de pan, también de afectos y comprensión.